Dos españoles y una experiencia única: Bogotá

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Colombia | 2 octubre 2009 |

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Aquí tenéis la primera “crónica” desde Colombia, trata sobre nuestros días en Bogotá, escrita “al alimón” entre Pedro Jareño y un servidor (Texto y fotos)
Espero podáis vivir, aunque sea un poquito, la experiencia inolvidable que es visitar Bogotá. Y aunque subo pocas fotos por ahora, tranquilos, que os vais a aburrir cuando tenga tiempo de procesarlas…

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Viajar es la mejor escuela de la vida. Y no hay nada mejor que aprender viajando. Por eso, cuando ProExport nos invitó a descubrir Colombia no pudimos negarnos. Por eso y porque prometían que íbamos a vivir “la experiencia de nuestra vida”, claro.

En los viajes, como en la vida, hay escalas. La primera de nuestra aventura por Colombia era descubrir su capital: Bogotá, una ciudad de cerca de 8 millones de habitantes que reposa a más de 2.600 metros de altura y que, flanqueada por el inicio de la cordillera de los Andes, ocupa una enorme superficie que sorprende al visitante desde su llegada.

En los viajes, como en la vida, siempre hay compañeros. Los nuestros, inmejorables, provienen de cinco países diferentes: Ecuador, Venezuela, Perú, Brasil y Estados Unidos. Descubrir Bogotá con ellos ha sido una experiencia inolvidable. No hay nada como conocer nueva gente, nuevas culturas, y formar en poco más de unas horas un grupo tan divertido.

Fue bajarnos del avión, encontrarnos con los que iban a ser nuestros compañeros, y comenzar a reír. Y lo que nos queda.

Lo primero que nos sorprendió de Bogotá es su situación geográfica. Los cerros, verdes y frondosos, envuelven al visitante atrapándolo para siempre. El cuerpo te pide caminar y subir a lo más alto. El corazón late deprisa queriendo saber más y la cabeza intenta olvidar cualquier tipo de idea preconcebida para dejarse empapar de realidad, de vida.

Todo comenzó en la Casa de Colombia. Ese fue nuestro primer encuentro con la realidad local y con la nuestra: estamos en un “reality”. No es fácil darse cuenta de que uno está rodeado de cámaras. Pero ahí estaban: enfocándonos y convirtiéndonos en el centro de atención. “Situación”, grita constantemente Aníbal, el director. Situación. Qué situación la nuestra. Qué experiencia se avecina.

Tras un almuerzo fantástico en el que degustamos productos típicos de la gastronomía local (carnes, pescados, arroz, arepas, empanadillas…) y que aprovechamos para charlar e ir conociéndonos mejor, comenzó la acción.

Nuestra primera parada fue la Hacienda de Santa Bárbara, en Usaquén. Hoy, un centro comercial. Ayer, una casa de campo construida al estilo colonial. Y de ahí, a descubrir la ciudad. A jugar. A conocer lugares mágicos y a aprender de la historia.

El primer objetivo era llegar al Parque Nacional. Allí, teníamos que encontrarnos con el “Foto agüita”. Uno de esos personajes auténticos casi en peligro de extinción en todo el mundo. Un fotógrafo de los de antes. De esos que convierte el hecho de parar el tiempo por un instante en una necesidad. Y allí mismo, en lo alto, divisamos nuestra siguiente parada: Monserrate.

No sin llevarmos, por su puesto, esa instantánea tan especial.

En Monserrate teníamos que averiguar el final de una canción popular local y, a la postre, degustar una delicia: tamal con chocolate.

Pero como la realidad siempre supera a la ficción, lo que pasó allí arriba, justo después de subir en funicular y de tener un inesperado encuentro con una llama (algo así como amor a primera vista), fue respirar y darnos cuenta de dónde nos encontrábamos.

Bogotá, desde Monserrate, es uno de esos pocos sitios del planeta que te hace sentir pequeño, casi ridículo. Uno de esos pocos lugares del planeta que te obliga a detenerte, a mirar al frente y a desconectar. A dejar pasar los segundos mientras contemplas toda esa belleza que te rodea. Sí, de esos sitios en los que el riesgo es que te quieras quedar. De esos.

Nos hubiéramos quedado allí hasta que el sol dejara de iluminar la ciudad. Pero íbamos a tener el privilegio de poder vivir ese momento en un sitio sin parangón: la torre Colpatria, la más alta de la ciudad, nos prestó su azotea para ver como el sol iba perdiendo su color anaranjado en favor del azul, cada vez más oscuro.

Con la oscuridad, Bogotá se presentaba tan fascinante como de día. Y lo aprovechamos para terminar cenando en Conosur, un restaurante original, fresco y divertido.

Y así se acabó nuestro primer día completo. Largo. Larguísimo para este par de españoles que aún seguían recuperándose del jet lag. Tocaba descansar. Y descansamos.

El segundo día prometía mucho. Y no decepcionó. Comenzamos visitando uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad: el Museo del Oro, no sin antes conocer el Transmilenio, uno de los medios de transporte más conocidos de Bogotá.

El Museo del Oro es uno de esos sitios que hay que conocer. Su interior alberga la mayor colección de tesoros precolombinos del mundo. A efectos del visitante, es abrumador. Sobre todo para aquel que siempre ha sentido fascinación por esta apasionante cultura. Nuestro objetivo era encontrar el Poporo Quimbaya, una pieza de oro que se utilizaba en las celebraciones religiosas y que fue comprado por el Banco de la República en 1939, hecho que sirvió como detonante para la creación del Museo.

Pero aún quedaba lo mejor. Repusimos fuerzas en el restaurante Casavieja probando algunas de las delicias locales: nosotros nos decantamos por el Montañero, una buenísima combinación de arroz, frijoles, chorizo, huevo…

Y todo ello aderezado de algún zumo local (acá lo llaman jugos). Lo de los jugos por aquí es tremendo: no puedes dejar de probarlos. Los hay de todo tipo y a cada cual más sabroso: piña, fresa, mango, maracuyá, guayaba…

Después nos adentramos en el centro histórico. En la parte colonial de Bogotá. En La Candelaria. Qué gran momento. Pasear por esas calles es sentir lo más auténtico de la ciudad.

Caminar entre casas pintadas y callejones estrechos para luego llegar a la enorme Plaza Bolívar va a ser uno de esos recuerdos que, seguro, guardaremos para siempre en nuestra retina.

Y qué decir del final. Fue decir que íbamos a Bogotá y todo el mundo nos habló de visitar el restaurante “Andrés, carne de res”. Y para allá que fuimos. Lo pasamos de lujo. No es un restaurante más. Es un restaurante, sí. Y la carne de res es espectacular. También. Pero es que, además, es un espectáculo. Un show. Con actrices, con arte por las cuatro paredes, con animadores, con música en vivo. Con mimos. Ay, el mimo. Qué crack.

Y luego el baile, la música, la diversión… Y todo esto rodeado de este inigualable grupo de compañeros de viaje.

En fin, que así vimos Bogotá. Nos vamos alegres por lo vivido y expectantes por lo que vendrá. Pero lo que nos llevamos no nos lo quita ya nadie. No señor.

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  • Helena

    Me encanta seguir los viajes de la gente, tanto que conozco como no, vivir la experiencia a través de sus ojos, sus sensaciones, sus fotos…

    Seguiré tu recorrido por Colombia, seguro.

    Tienes algunas fotos fantásticas, y eso que sólo son unas pocas!

    Suerte con tu viaje y que sigais disfrutando igual de bien.

  • Oh wo wo wo!! Interesantes fotos, sobre todo la de la llama!! 🙂 Anda que no estar convencido de hacer el viaje hace unas semanas … ¬¬U

  • Si haces posts de este tipo durante todo tu viaje, en Colombia van a estar más que contentos de que hayas ido. Lo haces parecer muy interesante.

  • Que pasada! que envidia me das! a disfrutar a tope, tío!

  • Ya estoy siguiendo el blog de ignacio izquerdo con su vuelta al mundo y ahora me sumo a tu viaje por Colombia, cada vez paso más tiempo en el pc!! jejej buen relato y buenísimas fotos, ya espero el siguiente 😉 Saludos

  • Andrulo Gordillo

    Gracias Mauro por ese texto tan especial!!! Soy Bogotano y me alegra mucho el saber que puedes disfrutar de tan hermosa ciudad. Y sé que el resto del viaje la vas a pasar de maravilla, y las fotos que vas a lograr!!!!
    Estaré siguiendo paso a paso el viaje!!!

  • Menudo reportaje bueno Mauro.
    Sigue así , sigue poniendonos los dientes largos 🙂

    Un saludo.

  • Realmente este artículo me hizo poner la piel de gallina. Que fina letra, que gran lente… Éxitos en el resto de la Experiencia!!!

  • Jo, no sabes cuánto me alegra que te haya gustado Bogotá, es una ciudad preciosa y llena de matices… es una pena que sólo te quedases dos días. Me das una envidia enorme, adoro Bogotá, sus parques, sus edificios… su gente!

    Ojalá te siga gustando tanto Colombia!

  • Un comentario mas para tu blog, pero de un Bogotano que esta orgullosisimo de ser Colombiano, y ademas de ver que ustedes, los españoles gozan visitando esta maravillosa ciudad.

    Gracias por capturar lo lindo y diferente que somos! Te quedaron muchos otros sitios por descubrir que espero en futuros momentos tomes el “riesgo” de visitar, por que como muchos Colombianos sabemos, “..el riesgo es que te quieras quedar”.

    Saludos de un fotografo aficionado al tema y tambien a tus escritos.

  • Menuda aventura, Mauro. Disfrútala a tope.

  • morfet

    No soy dado a comentar en los blogs, sin embargo al ver el reportaje me he animado (por fin) a hacerlo.
    Llevo leyendote más de un año, así que sigue así y disfruta de Colombia!.
    Prometo escribir más!

  • Buena experiencia ehh y tremenda narración !! sigo siguiendo tu viaje.

  • Hola, una experiencia maravilloso. y un país Maravilloso,dejarás mucho amigos.
    un saludo.

  • Pingback: Bogotá. Entre el oro y la Candelaria | Fotomaf. Blog de fotografía de Mauro A. Fuentes()

  • luisma

    Hola muy buenas, si que lo pasasteis bien , Bogota es muy bonita, pero no visteis la realidad de colombia, seguramente no suvisteis a las lomas si si donde se ven esas casitas humildes, de ladrillos sin pañetar y tejados de plastico llenas de gente humilde que no llegan a fin de mes y tienen que rebuscarse la vida vendiendo empanadas, buñuelos, jugos etc, mucha de esa gente desplazada de sus pueblos , por una guerra absurda. Yo os invito otro año y os enseño muy gustosamnete esta realidad, un abrazo y muchos saludos de un Bilbaino residente en ciudad Bolivar.

  • Guest

    Que buenos comentarios, aunque falto algunos otros lugares, como la zona T, la gastronomia de la zona G ( les hubiese encantado Magnolio o Astrid y Gaston) el parque de la 93, jugar paint ball cerca al castillo Marroquin, ir a los restaurantes de la macarena como la Jugueteria, y mucho mas, espero vuelvan y disfruten todos esos sitios. Saludos

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