Charlie Cole, El rebelde desconocido

El Hombre del Tanque (en inglés Tank Man), también conocido como el Rebelde Desconocido (the Unknown Rebel) es el apodo que se atribuyó a un hombre anónimo que se volvió internacionalmente famoso el cinco de junio de 1989 al ser grabado y fotografiado en pie frente a una lÃnea de varios tanques durante la revuelta de la Plaza de Tiananmen de 1989 en la República Popular China.
Pese a que otros fotógrafos sacaron fotos parecidas (como Jeff Widener con un 400mm) la fotografÃa le dió a Charlie Cole (EEUU para Newsweek) el premio World Press Photo ofThe Year 1989
De donde traduzco:
Intentando controlar la respirando y afianzando el pulso Cole pensó: “Si este chico va a dar su vida en protesta tengo la responsabilidad de clavar la foto”
La revista Time incluyo al Rebelde entre las 100 personas más importantes del siglo XX:
Traducido por mi de la BBC, Charlie Cole cuenta la historia:
En mayo de 1989 fuà enviado por la revista Newsweek a Beijing para cubrir como fotógrafo las protestas diarias de estudiantes que cada vez eran mayores.
Dos de los fotógrafos de la revista, Peter Turnley y Andy Hernández ya llevaban algún tiempo allÃ. Unos pocos dias despues de mi llegada, las protestas parecÃan haber tocado techo. Las concentraciones y la actividad habÃan declinado tanto que muchos de los fotógrafos y escritores empezaron a retornar a sus respectivas centrales en la región asiática. Newsweek me dijo que me quedara.
En la tarde del 3 de junio, despues de un dia de tensas confrontaciones entre el Ejército de Liberación del Pueblo y los protestantes, el ejercito empezó a rodear el centro de la ciudad y eventualmente empezó a intentar meter tanques y vehÃculos de transporte de tropas blindados en el corazón de la Plaza de Tiananmen.
En el fondo de la plaza justo en frente de la Ciudad Prohibida, uno de estos vehÃculos se separó de su columna, y en su pánico por salir de la zona de manifestación, atropelló a varios protestantes. Esto, a su vez, hizo que la masa se volviera más violenta.
Inutilizaron el vehÃculo, arrancaron a la tripulación del vehÃculo, los mataron, y quemaron el carro. Todo se hizo a la vista de varios pelotones del ejército a unos 150 metros en el borde de la plaza. De pie al lado del vehÃculo en llamas, miré la final de la avenida y en el brillo naranja de las luces de la plaza pude ver como el ejército aseguraba y cargaba sus AK-47 (fusil Kalashnikov).
PolicÃa Secreta:
Miré alrededor buscando cobertura pero no habÃa ninguna - las únicas zonas que ofrecÃan alguna protección estaban detrás en la avenida Changan cerca del Hotel Beijing. Al tiempo que alcance unos árboles en la avenida, los soldados abrieron fuego contra la concentración en el fondo de la plaza. HabÃa pánico mientras la gente era alcanzada.
Era imposible para mi sacar fotos por estar muy oscuro y usar flash estaba evidéntemente fuera de lugar. Miré alrededor y decidà que la única foto posible era desde el tejado de un edificio con una larga exposición de la plaza y la mutilación.
Entré en el Hotel Beijing, que tenÃa una vista predominante de la plaza, pero al entrar, fuà placado por miembros de la policÃa secreta china.
Uno de los agentes me dió en el costado con una porra eléctrica. Otros me dieron puñetzos y patadas. Me arrancaron el chaleco de fotógrafo y me quitaron todos los rollos que habÃa tirado esa tarde-noche. Iban a quedarse las cámaras pero les convencà de que eran inútiles sin pelÃcula, asà que me las devolvieron y les dije que me iba a mi habitación.
La secreta no habÃa encontrado tres rollos sin usar en uno de los bolsillos interiores del chaleco.
Herido
Mientras corrà por el lobby del hotel, me choqué con mi amigo Stuart Franklin, un fotógrafo de Magnum contratado por Time magazine. Stuart tenÃa una habitación en el hotel en la planta octava, y desde el balcón tenÃamos una buena vista de lo que estaba pasando.
A estas alturas habÃa bastantes disparos de armas automáticas y podÃa ver a gente corriendo con carritos llevando a heridos y muertos intentando llevarlos al hospital.
Conté 64 heridos o muertos en un corto periodo de tiempo y entonces dejé de contar. Stuart y yo intentamos sacar fotos con la luz natural de la calle pero dió muy poco resultado.
Entre las cuatro y cinco de la mañana, columns de tanques entraron en la plaza aplastando arbustos, bicicletas y humanos en su camino. Cuando empezó a salir el sol, pudimos ver las tropas armadas en la plaza escoltadas por miles de soldados del ejército.
Al dia siguiente (5 de junio) Stuart y yo nos encontrabamos otra vez en el balcón.
Mientras la mañana avanzaba, cientos de soldados se alineaban en las entradas de la plaza y se escondÃan detrás de las barricadas. Sus fusiles estaban apuntados sobre estudiantes curiosos y residentes a unos 100 metros.
En casi todos los tejados, incluyendo el nuestro, podÃamos ver agentes de la secreta con prismáticos y radios intentando controlar la zona. Al mediodÃa, oimos arrancar a los vehÃculos de transporte de tropas y empezaron a salir de la plaza. Para despejar la avenida Changan algunos de los soldados con ametralladora abrieron fuego sobre la gente que huyó otra vez en pánico.
En donde habÃa habido cientos de personas hacÃa solo unos momentos, solo quedaban bicicletas abandonadas y autobuses quemados.
Hombre con bolsa de la compra
Poco despues, un columna de unos 25 tanques empezó a bajar por la misma avenida. Stuart y yo estabamos disparando las cámaras hombro con hombro mientras avanzaban los tanques. De repente en la acera, vimos a un hombre joven, con una chaqueta en una mano y una bolsa de la compra en la otra, ponerse en el camino de los tanques en un intento de pararlos.
Era una cosa increible, especialmente tras haber visto a los soldados despejar la calle con metralletas. No me lo podÃa creer, seguà disparando en anticipación de lo que sentÃa que iba a ser su destino.
Para mi sorpresa, el primer tanque paró, entonces intentó avanzar evitando al joven pero este se volvió a interponer una y otra vez incluso subiéndose en el tanque. Finalmente la policÃa secreta lo agarró y se lo llevaron. Stuart y yo nos miramos con el asombro de no acabar de creer lo que acababamos de ver y fotografiar.
Más tarde, Stuart se fué para ir a la Universidad de Beijing y yo me quedé para ver si pasaba algo más. Poco despues de irse el, agentes de la policÃa secreta irrumpÃan en la habitación. Cuatro agentes me agarraron mientras otros cogÃan mis cámaras.
Arrancaron los rollos de mis cámaras y me confiscaron el pasaporte. Despues me obligaron a escribir una declaración de que habÃa estado sacando fotos durante un periodo de Ley Marcial, que yo desconocÃa pero conllevaba una larga sentencia de prisión. Despues pusieron un guardia en la puerta.
HabÃa escondido el rollo de las fotos del tanque en su contenedor de plástico y sumergido en el deposito de la baza del baño. Cuando se fueron, lo recuperé y conseguà llegar a AP para revelarlo y transmitirlo a Newsweek en Nueva York.
Otros tres fotógrafos tienen fotografÃas desde distintos ángulos.
Varias agencias y revistas han intentado descubrir la identidad del hombre y lo que hicieron con el. He visto a varias fuentes llamarle Wang Wei Lin, pero no es seguro.
Personalmente creo que casi seguro que el gobierno lo ejecutó. HabrÃa ido en interés del gobierno mostrarlo vivo para acallar las protestas del resto del mundo. Pero nunca pudieron. En aquellos tiempos la gente era ejecutada por mucho menos que lo que hizo el. Pienso que su acto capturó los corazones de la gente en todas partes, y cuando vino el momento su carácter definió el momento en vez de dejar que el momento lo definiese a el. El hizo la imagen, yo solo saque la foto. Fué un honor estar allÃ.
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12 Septiembre, 2008 a las 8:32 pm
Es curioso que su compañero, Stuart, que estaba junto a él y posiblemente tenga la misma foto, haya visto como premiaban al otro y no a él. Seguramente es uno de esos momentos en los que sientes que has estado cerca y se te ha escapado algo importante
14 Septiembre, 2008 a las 3:02 pm
No conocÃa la historia que habÃa detrás de esta fotografÃa y la verdad me ha impresionado. Un simple hombre, con una simple bolsa de la compra plantado delante de una columna de tanques. La vida aunque no lo parezca, está llena de héroes, tan sólo hay que ponerlos delante de los tanques adecuados…
Gracias Mauro