Cartagena de Indias: Reminiscencias
Cuando en España alguien comenta que va a viajar a Colombia, todo el que ha estado siempre te lanza una recomendación: no dejes de visitar Cartagena de Indias.
Y cuando uno llega, se da cuenta de el porqué. Hay pocas ciudades a lo largo y ancho del planeta que tengan ese “qué sé yo” que las hagan especial. Ese “duende” que en España decimos andaluz. Esa magia indescriptible que consigue dejar prendados a todos los visitantes; ese brillo que transmite luz. Vida.
Cartagena de Indias es una de esas. Y te das cuenta desde el momento en el que la pisas. Nosotros llegamos ya de noche, tarde, tras una agotadora jornada.
Nada más llegar no puedes evitar abrir la boca con asombro: esas murallas te dejan boquiabierto. Esa gris fortificación te regresa, sin que te des cuenta, a un momento anterior. A épocas de galeones y piratas. De tesoros y de historias. De valientes.
Después de esa chocante primera impresión, cenamos en un restaurante italiano muy bien puesto justo al lado de la muralla. Camino a nuestro hotel, llegó la primera sorpresa: nos subimos en un calesa de caballos para recorrer los pocos metros que nos separaban de nuestro alojamiento y, casi sin dejar pasar el tiempo, coincidimos al ver lo que veíamos: cuántos recuerdos de España. Cuántos recuerdos del sur de nuestro país. Cuántos recuerdos de Sevilla. Esa calesa; esos caballos; esas calles angostas y estrechas; esos colores en las paredes… y esos balcones. Ay, los balcones. Balcones de madera, balcones con macetas rebosantes de plantas. Balcones.
En unos minutos estábamos tocando la puerta de nuestro alojamiento, el Hotel Boutique El Marqués, en pleno centro histórico de Cartagena de Indias. Y cuando decimos tocando la puerta, es textual: nada de timbres. Un enorme portón de madera y un llamador metálico y pesado. Toc, toc, toc.
Bienvenidos. Y bien hallados. Nos abren la puerta, nos reciben y nos damos cuenta de que seguimos en casa. Ese patio andaluz. Reminiscencias. Pasado y presente de la mano y en nuestra misma cara.
A la mañana siguiente, tras descansar en este antiguo palacete colonial, nos lanzamos a conocer la ciudad. A primerísima hora estábamos citados al otro lado de la muralla junto con el resto de compañeros. Nos tocaba una breve sesión de entrevistas particulares para recordar cómo habían pasado los últimos días.
En el parque vimos de todo. Jóvenes cadetes de la policía que están prestando el servicio militar obligatorio, iguanas enormes, monos saltarines… Hasta nuestro amigo Ned (ese gringo) se sintió como en casa rodeado del que dicen ser el mejor amigo del hombre.
Poco después comenzó la primera prueba del día. Esta vez tocaban dos. Y bajo el justiciero sol caribeño. El mercurio marcaba más de 42 grados y la humedad nos complicaba la misión: crema bronceadora, botellas de agua por doquier y al ruedo.
La misión: descubrir cada rincón de la histórica fortaleza de la ciudad y localizar ciertos puntos de interés: una garita de guardia, el aljibe, el almacén de pólvora y el hospital.
Un ratito después, unos cuantos litros de sudor más adelante y unos cuantos planos grabados por nuestro colega Omar dábamos por concluida, con éxito, esta primera visita.
Y a comer. A reponer fuerzas. Que aún nos quedaba otra prueba y el sol aún nos lo iba a poner complicado.
La segunda prueba del día sonaba de lo más divertida. Y lo fue. Durante el atardecer, la popular cocinera local Leo Espinosa iba a deleitarnos con un suculento menú de productos oriundos de Colombia en la azotea de uno de los hoteles con mejores vistas de la histórica ciudad. Menudo planazo.
Pero aún había más. Cada equipo iba a recibir, por parte de unas palenqueras ataviadas con el traje regional en una plaza que desconocíamos, el nombre de una receta tradicional. Nuestra misión: averiguar en qué consistía ese plato, descubrir los ingredientes que lo formaban y conseguirlos para hacérselos llegar a nuestra especial cocinera. El nuestro era la carimañola. Y los ingredientes: yuca, carne de res, cebollas y tomates para el picadillo. Para el sofrito. Como en España. Como la receta de toda la vida de nuestras madres. Reminiscencias.
La experiencia fue de lo más divertida. Paseando por la calle, por esas calles de colores, por esas calles de colores con balcones, interactuando con la gente, preguntando a los heladeros, a los vendedores de fruta, a los meseros…
No sin esfuerzo, lo logramos. Y, por supuesto, después nos los comimos. Y los disfrutamos junto con el resto de los platos que Leo preparó gracias al buen trabajo de nuestros compañeros de Perú, Ecuador, Venezuela, Estados Unidos y Brasil: arepa de huevo, ceviche, arroz con coco…
Y disfrutamos de ese planazo. De ese atardecer. Menudo atardecer.
La comida, deliciosa. La ciudad, magnífica. La experiencia: inolvidable.
Si queréis seguir todo el viaje hay una excelente página donde se está recopilando todo: AQUÍ
















Gracias amigo por llegar hasta aquí, soy Mauro A. Fuentes Álvarez encantado de que quieras saber algo más de mi después de ver mis fotografías.
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Es una ciudad con mucha magia, el calor de su ciudad y humedad, es proporcional a la calidez de sus gentes.
deseo ver una selección de fotografias tuyas despues de que termine tu experiencia.
un saludo
La verdad es que es preciosa. La apunto en la lista
Una turba lincha a un español en Cartagena de Indias
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/10/07/espana/1254942982.html
Guauu!!!
Tal como lo escribes y con las fotos… ¡qué ganas de ir por Dios!!!
Y qué envidia das! Qué envidia das!
envidia
que lindo…
que lo disfruten mucho mucho el tiempo que les qeuda
Y aún te faltan cosas por conocer! el paseo por los manglares, las islas del rosario, la zona de playas y comercial de bocagrande, etc. Me alegra que te haya dado ese toque de nostalgia mi ciudad.
@Fede: ¿pero el tipo era muy bueno?, estaba drogado, se robo un autobus y luego lo estrella. si le paso por eso fue por algo… no por que estuviera juicioso jugando en la terraza de su casa.
Jo, viendo las fotos y leyendote dan ganas de coger la mochila e ir hacia alli. Sin duda me lo apunto en la lista de destinos futuros.
PD. Pedazo de hotel!
Igualito que Canarias! al menos el 80% de las fotos de este post podrían haber sido en las islas !
me parece que cartagena es una ciudad muy hermosa pues tiene una bahia hermosa y sus esplendosas murallas y fortifificaciones son una maravilla me quede muy impresionado y pienso volver muy pronto al corralito depiedra