Santa Marta: tierra de contrastes
Nada más bajar del avión uno ya nota algo distinto. Huele a Caribe. El calor húmedo empapa los huesos y el cuerpo te lanza un mensaje: es otro ritmo.
Sí, es un ritmo más lento. Y al principio cuesta aceptarlo. Pero, amigos, tiene un sentido: hay que ir despacio para poder disfrutar al máximo de este lugar.
Santa Marta es muy especial. En pocos sitios del planeta se pueden apreciar tantos contrastes. En pocos sitios del planeta se puede encontrar tanta diversidad en tan poco tiempo. Y no tardamos mucho en darnos cuenta de eso. Ya se podía apreciar algo en la ciudad, donde almorzamos. Ese ambiente tradicional. Esa gente.
Pero todo se hizo más plausible más adelante.
Sí, llegamos de noche al Parque Natural Nacional Tayrona. Pero ya se apreciaba que era un sitio mágico. Es de esos lugares que emanan algún tipo de aura especial; incoloro e intangible, pero especial.
Nuestro alojamiento fue de esos que jamás se olvidan. De esos que uno cree que sólo existe en las películas. O en los sueños. Se tarda tiempo en asumir que estamos ahí, viviéndolo. A veces, hasta se llega a pensar que todo esto es mentira. Las cámaras también abruman. El Show de Truman, dice tu conciencia. Pero no. Nada de eso. Aquí estamos, viviendo la experiencia de nuestra vida. Disfrutando cada instante.
Pasar la noche escuchando el sonido de las olas al romper en la playa y rodeado de naturaleza te marca para siempre. Pero no hay nada como el amanecer.
Fue abrir los ojos y seguir soñando. Fue abrir los ojos y darse cuenta de que esa magia que la noche escondía en su chistera estaba esperando el momento adecuado para dejarnos boquiabiertos. Las Eco Habs del Parque Tayrona nos brindaron el que fue, seguramente, el mejor amanecer de nuestra vida. El sol apareció de la nada en la línea del horizonte y sus rayos, anaranjados, rojizos, amarillentos, iluminaron nuestro día. Nada podía salir mal después de eso. El día se presentaba pletórico. Y no decepcionó.
Teníamos un reto. Tan apasionante como sacrificado: una ruta ecológica a pie atravesando zonas selváticas y desembocando en playas salvajes, vírgenes, exuberantes. Bellas. Y entre tanto, había que encontrar un buen puñado de animales exóticos. Autóctonos. Y es que la diversidad de este Parque Natural es tan grande que se pueden ver especies únicas.
Casi nada más entrar, nos encontramos con una linda ardilla trepando un árbol. No fue difícil localizarla e inmortalizarla. Parece que tenía ganas de que la encontráramos.
Luego, el sendero se complicó. Cada vez más angosto y más selvático. Y cada vez más apasionante. Entre árboles altísimos y todo tipo de vegetación, continuamos nuestra ruta.
Y sin tardar mucho nos encontramos con nuestro segundo invitado. La iguana nos recibió en su casa de la playa y nos invitó a soñar con el paraíso. Estábamos en él. Su color verde contrastaba con el azul brillante del cielo. Contrastes.
La suerte, mientras tanto, parecía que estaba de nuestro lado. Unos pasos más adelante nos topamos con el lobo azul. Qué colores. Verdes, amarillos, azules… Además, le dio por posar. Como si quisiera ser nuestro modelo. Nuestra musa.
Tres. Ya teníamos tres. Pero aún el recorrido acababa de comenzar. Seguimos caminando un buen rato y seguimos divisando animales. Uno de ellos muy especial: una rana preciosa, negra y amarilla, que además es uno de los símbolos de la reserva.
Y, para terminar, el mico. El mono titi jugaba sobre nuestras cabezas, deslizándose hábilmente entre lianas y grandes ramas. Contrastes.
Estábamos empapados de sudor pero todo había merecido la pena. Una impresionante casa de madera nos esperaba al final de nuestro recorrido. Y unos jugos. Esos jugos…
Santa Marta, para nosotros, ha sido todo esto: contrastes. Playa, selva y montaña a un paso. Parece mentira estando aquí, en esa casa en la playa, en poco más de 40 kilómetros se pueda encontrar un nevado de más de 5.000 metros.
No es Madrid. No es España. Pero era como estar en casa.











Gracias amigo por llegar hasta aquí, soy Mauro A. Fuentes Álvarez encantado de que quieras saber algo más de mi después de ver mis fotografías.
Mis perfiles online
Mi perfil de Facebook
Mi perfil de Twitter
Social Media things
Todas mis fotos en Flickr
Micropixeles de fotomaf




Expectaculares imagenes de un sitio estupendo,soy Colombiano, Pero no he tenido la suerte de conocer esa zona del Parque Tairona.
un Saludo.
Precioso lugar y muy bonitas las fotos. Que ganas tengo de hacer un viajecito asi.
Por fin se puede comentar!
Increbíble el sitio, qué envidia de alojamiento y un puntazo el cartel con la dirección de MAdrid!!!
Precioso lugar y muy buen reportaje. la verdad es que ahora mismo me gustaría estar ahí pasando unos días de vida contemplativa sin sentir que se me acumula todo, que el tiempo no corre, que nadie me busca ni me apremia para nada.
Solo yo y el paisaje, paz, tranquilidad, cargar pilas y disfrutar…
Disfrutad vosotr@s por los que no estamos ahí y os leemos a través de la pantalla del ordenador.
Mauro, y eso que solo estibiste en el tayrona, Santa Marta es MIL veces mas que eso en lo que a paisaje se refiere, Taganga, Mamatoco, Bonda,Minca, Gaira, El paso del mango, la lisa etc etc y toda la sierra nevada, el centro historico y paso.
es grato que hatas venido, pero si vueves, por favor avisa para mostrarte la verdadera Santa Marta y no solo el parque del señor Besudo
Santa marta es un desayuno con arepa de huevo y fritos, es ron caña con agua de coco , es un jugo de guanabana, es un almuerzo con sancocho trifasico o sierra canalera, con arroz de lisa o de camaron, son unas frias bien heladas, es un rato donde Remi en la puerta, es una cena en la bahia o en taganga, o una rumba en el parque de los novios, es las fiestas de San Agaton en Mamatoco, Las de la virgen del carmen en taganga, el carnaval en Pescaito y mucho, muchisimo mas!!!!
Memo, gracias por la info, cuando vuelva, que volveré ya tnego mil sitios que ver
un abrazo
Sin duda, estuviste en un lugar paradisiaco, por cierto, muy buenas fotos. aunque es verdad como dice memo que Santa marta es todo un mundo por descubir, con muchos encantos y que vale la pena visitar una y mil veces. saludos, Samario.